La voz es una herramienta muy importante con la que cuenta el musicoterapeuta en sus sesiones. La voz se lleva a todas partes y es un instrumento imprescindible, por lo tanto debemos conocerla, entrenarla y cuidarla porque no contamos con otra de repuesto. Es como la huella digital, existen muchas parecidas pero ninguna igual a otra.
También es interesante saber que el paciente cuenta con su propia voz y su silencio. De estos dos elementos también se desprenderán estados de ánimos, opiniones, melodías, frases y emociones que el musicoterapeuta deberá respetar, guiar y acompañar en busca del objetivo planteado para esta persona en su proceso terapéutico.
Los Musicoterapeutas tenemos que saber y haber experimentado en nuestra formación académica, cuáles son nuestras reacciones o acciones, a nivel emocional cuando alguien llora, se ríe, grita, se queja, habla o canta fuerte o directamente no emite sonido.
Nuestro entrenamiento consiste en aprender “escuchar” a nivel individual y grupal cómo repercute en la persona del terapeuta, la voz propia y la del otro.
También es interesante saber que el paciente cuenta con su propia voz y su silencio. De estos dos elementos también se desprenderán estados de ánimos, opiniones, melodías, frases y emociones que el musicoterapeuta deberá respetar, guiar y acompañar en busca del objetivo planteado para esta persona en su proceso terapéutico.
Los Musicoterapeutas tenemos que saber y haber experimentado en nuestra formación académica, cuáles son nuestras reacciones o acciones, a nivel emocional cuando alguien llora, se ríe, grita, se queja, habla o canta fuerte o directamente no emite sonido.
Nuestro entrenamiento consiste en aprender “escuchar” a nivel individual y grupal cómo repercute en la persona del terapeuta, la voz propia y la del otro.
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